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Final feliz de Angie (29-07-07)

Angie

Es increible lo que puede llegar a cambiar tu vida en poco tiempo. Estamos acostumbrados a gastar nuestro esfuerzo en cuidar de nosotros mismos, en cuidarnos, en preocuparnos de nuestros problemas cuando, de repente, un animal entra en nuestra vida, y nos da la vuelta a la existencia. Son muchos los quebraderos de cabeza, cuidar de su salud, mimarlo, alimentarlo, preocuparse cuando de repente no se comporta como de costumbre, que no le falte de nada, ni amor ni alimento, ni calor, ni cariño. Pero todo es poco, a cambio de todo lo que ellos nos dan, con solo una mirada suya, un murmullo salido de su boca, un salto juguetón, o el simple hecho de estar ahi, nos compensa con creces.

Hace ya casi dos meses que Angie pasó a ser de nuestra familia. Antes de eso, habiámos tomado la decisión. Tanto Laura como yo habíamos tenido gatos anteriormente, de hecho, Laura tenía muchísimos en su casa, aunque solo uno de ellos entraba en la vivienda, su ojito derecho. Por internet nos enteramos de la existencia de Anaa y, naturalmente, ambos pensábamos que era mejor recoger un gatito abandonado, falto de cariño y amor, que otro que seguramente alguien compraría y que tendrá un hogar asegurado. Así que un sábado nos acercamos hasta allí. Vimos a varios, aunque a decir verdad, yo no me acuerdo de sus nombres. Yo enseguida me fijé en uno de ellos, mientras Laura jugaba con otro negro, que por su actitud parecía más un perro que un gato, un perro-gato, como lo llamó Laura. Yo, mientras, no podía apartar mis ojos del otro. Un pequeño gato con el pelo atigrado en el lomo, y la panza blanca, una expresión entre tímida y descarada en sus ojos verdes. Preguntamos su nombre y procedencia, "Fulanito", 8 meses, venía de otro albergue. Lo hablamos y como yo estaba muy encariñado con ese gato, nos lo llevamos.

El gato, pronto se adaptó a su nuevo hogar. Creo que algo en su interior le decía que nosotros nos habíamos hecho cargo de el, porque enseguida nos reconoció. Se nos acercaba siempre, dormía en nuestra cama prefiríendola a cualquier otro cómodo lugar de la casa. Pero, la sorpresa vino en unos días. Laura, desde el primer día, me dijo que había algo que no cuadraba en el gato, que no parecía macho, que parecía hembra, y yo pensaba y dije que no podía ser. Hasta que, le vino el celo, y claro, no podía ser un macho, ¿no? Llamamos, y nos lo confirmaron, se llamaba Angie, 3 años, casi toda su vida en albergues. Por supuesto, les dijimos que nos la quedábamos, era imposible separarnos ya de ella.

La llevamos al centro, para que la viera de nuevo el veterinario. Todo bien, excepto que no estaba esterilizada, así que nos dieron cita. Durante un mes y medio, compartimos los días con ella, el 80% del tiempo la pobrecita estuvo con el celo. Yo se que ella lo pasó mucho peor que nosotros, aunque de dormir, algunos días ni hablar.

Durante ese tiempo, alegró nuestros días con sus juegos. Es muy juguetona, cuando no duerme, claro. Su mirada, nos derrite a ambos. Siempre está con nosotros, necesita nuestra compañía, como nosotros necesitamos la suya. Nos metemos en cama, y ella, en cuanto nos ve, se sube, y que no se nos ocurra mover los pies, o saltará enseguida sobre ellos. Lo que más me alegra es que parece feliz, alegre, no para de jugar durante todo el día. Cualquier cosa le vale, es más, le compramos juguetes, pero ella siempre prefiere un simple trozo de papel o cualquier otra cosa que encuentre. Lo persigue, salta sobre el, se pone como loca y nosotros con ella al mirarla.

El momento más duro, el día que la llevamos a esterilizar. Durmió fuera de casa y esa noche los dos nos sentimos tristes, preocupados. ¿Que sería de ella?, ¿estaría triste sin nosotros?, ¿tendría todo lo que necesita? No dormimos mucho esa noche, nos faltaba algo. Al día siguiente fuimos a por ella. Al verla nos quedamos aliviados, porque estaba perfectamente, dormidita, eso si.

Junto a este inmenso mail, os enviamos algunas fotos, para que veaís su aspecto actual. Solo nos queda dar las gracias a Anaa por su labor, su trabajo, y por habernos proporcionado un poquito de felicidad en forma de Angie.

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