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Final feliz de Preciosa (13-07-07)

Preciosa

El domingo pasado, 27 de Noviembre del 2005, fué un día muy especial para mí y para mi familia. Hizo un año de la llegada de un ser maravilloso a nuestras vidas. Una pequeñaja peludita que parece un peluche y hace las delicias de todos nosotros. No sé si recordareis a Preciosa... Pues bien, me gustaría resumir en unas cuantas líneas lo que este año ha supuesto para nosotros y para ella.
Aún recuerdo, como si fuera ayer mismo, cuando decidimos buscar una compañera para Richie, mi perro. Estuvimos buscando por internet y nos interesamos por Bica, una perrilla de once años que estaba en el Refugio. Afortunadamente, ya tenía una familia prácticamente adoptada a la perra, cosa que nos alegró mucho. Entonces decidimos proseguir con la búsqueda y dimos con la web de ANAA (que hasta entonces desconocíamos). Mirando y mirando (pues buscábamos una perra chiquitita ya que nuestra casa es más bien pequeña) de repente dijo mi madre: "¿Y esa? ¡Uy, qué cara de buena que tiene!" Pinché con el ratón sobre su imagen y abrí el resto de las fotos. Ahí estaba, la perra que estábamos buscando... con esos ojillos tiernos, esa carita de ángel y ese sentimiento que no sé cómo expresarlo, pero que nos transmitió a través de esas fotos a mi madre, a mi hermano y a mí. Inmediatamente llamamos para informarnos sobre Preciosa y nos contaron que acababa de llegar de un albergue de Ayamonte (Huelva) donde la habían recogido cuando era cachorrita y de donde no había salido jamás.
Por problemas de desplazamiento no pude ir a buscarla hasta dos semanas después de aquella llamada en que Lourdes, una gran amiga mía, me acercó junto a Richie hasta ANAA para ir a por Preciosa.
Recuerdo que Laura, la voluntaria de ANAA que me atendió (a la que estoy sumamente agradecida y mando un super abrazo desde aquí) me dijo desde el principio que Preciosa era una perrita muy especial, cariñosa y buenísima.
Recuerdo coger a Richie en brazos y pasar por largos pasillos llenos de casetas con perros dentro esperando encontrar familia con quién compartir sus vidas, esperando que tal vez yo fuese esa persona que los sacaría para ofrecerles un hogar, pero, desgraciadamente, sólo podía llevarme a uno y la que había conquistado mi corazón fué la pequeña Preciosa. Al final del todo, en la última caseta, la ví. ¡Dios mío, qué grandota, qué gordita y qué preciosidad!
Soltamos a Richie y a Preciosa para que se conocieran, a ver qué tal se llevaban. La verdad es que yo iba muerta de miedo porque Richie es un encanto de perro pero le hemos malcriado con tantos mimos y es muy terco y malhumorado, pero, sorprendentemente, todo fué genial pues ni entonces, ni en ningún momento ha habido problemas entre ellos. Al contrario, siempre se ha portado muy bien con la niña, la quiere un montón, la ciuda y la protege. Vamos, ¡todo un caballerito!

Aún recuerdo la primera vez que se acercó Preciosa a mí para olisquearme, tímidamente y con una mirada tristona. Siento la suavidad de su pelaje entre mis dedos y la gracia que me hizo cuando tras alguna que otra caricia, le quité la mano y se acercó más a mí para que siguiera haciéndole cosquillas (aún sigue haciéndolo).
Todo fué de maravilla y, tras firmar los papeles de adopción y visitar a Marcos, el veterinario, Laura me dijo que teníamos que llamar a una persona a la que le iba a encantar la noticia de que su Preciosa había encontrado familia. Hablo de una de las voluntarias del albergue de Ayamonte que cuidó de mi niña durante los casi cuatro larguísimos años que permaneció allí: Angelika. Hablé con ella y le conté que tenía otro perro y que me enamoré de Preciosa según la ví. Ella, emocionada, me habló sobre la perra, sobre lo cariñosa que es, lo obediente y buena que es y sobre lo mucho que la quieren allí todas las voluntarias. Al final, sin conocernos de nada terminamos las dos llorando por teléfono, ella de alegría por ver que todo su esfuerzo por cuidar de la perra durante todo ese tiempo había dado frutos y yo, por escuchar lo terrible que había sido todo para la perra y por la alegría de poder y querer ofrecerle el calor de un hogar donde no le iba a faltar de nada y todos le íbamos a dar nuestro amor incondicional. Aunque mantengo contacto bastante fluído (dentro de nuestras posibilidades) con Angelika, me gustaría mandarle desde aquí un abrazo y agradecerle de nuevo que cuidara de mi nena tan bien y con tanto amor como lo hizo y decirle que no se desanime, que siga adelante porque merece la pena.

Tras hacernos la foto de rigor a la salida de ANAA, nos encaminamos hacia mi casa para hacer las presentaciones familiares. Cuando entramos tanto Preciosa, como mi madre y mi hermano, se miraron extrañados, pero rápidamente comenzaron a tomar confianza aunque la niña se pegaba a mí y le daba un poco de miedo todo.
Salimos a pasear a la calle para que se despejara y la pobre se asustaba con la gente, los coches, los ruidos, las luces... con tooooodo.
Las primeras dos semanas fueron un poco duras pues la perra no comía apenas y no se atrevía a moverse casi. Sólo comía algo de pienso si se lo daba yo con la mano y se tumbaba a los pies de mi cama y no se movía de allí, pero poco a poco, con mucho esfuerzo y cariño, fué tomando confianza con todos los miembros de la familia, vecinos y amistades perrunas.

Ahora, después de un año, sigue siendo una excelente perra, guapísima, buenísima pero ya no tiene tanto miedo, nos quiere un montón a todos los miembros de la familia y amigos, tiene sus coleguitas con los que jugar en el barrio y Richie y ella se adoran.
No tengo palabras para resumir lo que estos 365 días han supuesto para mi familia. Ha sido, es y será una experiencia maravillosa haber hecho partícipes de nuestras vidas a esta preciosidad de perra que, por cierto, pasó a llamarse Endora pues, en principio pensamos respetar el nombre, pero en vista de que atendía más por Endora y que para ella comenzaba una nueva vida, decidimos cambiárselo.
Endorita es una perra feliz, sana y muy mimosa y juguetona que nos ha aportado a todos los que hemos pasado por su vida, tanto en su etapa anterior como en la actual, una gran lección de supervivencia y de admirable entrega y cariño.
TODO el mundo debería pasar por una experiencia como la que he tenido yo con ella para aprender a valorar lo que realmente importa, el AMOR.

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