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Final feliz de Fermín (04-01-08)

Fermín

Está aquí a mi lado tumbadito, y con una carita de santo que pa qué las prisas. Es blanco, con motas amarronadas.

Fui ayer a buscarle. Aunque bueno, yo no le buscaba a él exactamente. Iba a por un perro y había visto dos o tres que me gustaban. Aparecían en las fotos con una carita preciosa, tan ricos, tan con pinta de "llévame contigo", que, efectivamente me apunté sus nombres.

O sea que iba con la chuleta.

Y llegué, bueno llegamos, porque yo sola no puedo llegar a esos sitios, así que como siempre tuve que liar al que siempre se deja liar, con santa resignación cristiana, para que en vez de descansar en sábado viniera conmigo a "buscar tu perro".

La Residencia de ANAA, es bastante amplia; está alejada de Madrid, pero no es difícil de encontrar, quiero decir que se ve desde la carretera y que sus pabellones aparecen a lo lejos sin posibilidad de pérdida.

Nada más entrar se escucha un concierto y no precisamente de pájaros. Un estrépito de guaus y de carreritas parece decir "chicos, atentos: que vienen a vernos".

Dentro hay un jaleo que parece desorganizado pero que cuando se lleva allí diez minutos se comprueba que sólo corresponde a quienes llegamos.

Quiero decir que hay un orden completo en lo que se hace, sin necesidad de explicárselo al visitante. El hecho de que cada cosa lleve su tiempo, de que todo requiera unos pasos y de que allí nadie se altere y el bulle bulle de los que vamos parezca no existir para los profesionales que trabajan en ANAA, curiosamente lo que hace es tranquilizarte.

En una media hora pasamos a ver a los perros.

Están en espacios amplios, limpios, con sus historias leíbles y legibles, separados por necesidades, de modo que ninguno estorbe al resto y se les pueda tratar individualmente. Todos los pabellones dan a un espacio abierto donde puedes pasear con el presunto elegible, verlo a su aire, etc.

Yo, inocente, iba con mi chuleta, cuando apareció Irene, y nos dijo que fuéramos con ella.

La profesionalidad se basa en tener tu tiempo a disposición del visitante y en seguir la idea de que lo importante no eres tú, sino el perro. Es decir; si el perro no va a estar cómodo porque tú no lo estés es mejor que elijas otro. Irene ( y todos los demás por las trazas) no desean que tú te lleves un perro, a no ser que tú ( y el perro) estéis convencidos de que ese hecho os va a beneficiar a los dos.

De esa manera, cuando le pregunté por "Maxi", no dijo nada, pero en el pabellón en el que estábamos se acercó un grandote, nervioso, dando saltos. Yo pensé; es un poco grande para mí…Y en eso me dijo, "este es Maxi, yo creo que es un poco grande…"

Íbamos mirando y en mi cabeza bullían dos o tres que me iban gustando…

Cuando apareció él.

Él estaba un poco más retirado; al llegar levantó las orejas y se quedó mirando, desde lejos. Sentadito. Cuidado que es guapo el capullito, y además lo sabe…

Yo no dije nada.

"Este perro sería ideal, pero le falta una pata".

El chiquillo debió entender que hablaban de él, porque se levantó y vino con su tranqueo.

Bueno, por probar cómo me manejaba dándole un paseito por allí no perdía nada, ¿verdad?...

Pues la dimos.

Le pareció de perlas al chico, se dejó poner la correa, me miró como diciendo " ¿para dónde quieres ir, hija mía?", se paraba cada vez que le decía quieto. Y ya por último se me ocurrió decirle "sientate" y se sentó.

Luego nos enteramos que a Fermín, que así se llama, le habían pegado un tiro en un pueblo de Toledo, y así perdió el animal la pata.

Volvimos por la tarde, claro.

Había que comer, se había hecho tarde y yo quería hacer eso que se llama "evacuar consultas".

Antes de irse, decidió despedirse de sus amigos, se acercó a dos o tres chuchos, frotaron los hocicos, se acercó a Irene, se acercó a varios voluntarios de la Asociación, y luego nos miró como diciendo: "¿nos vamos ya a Casa?".

Entró en el coche y suspiró.

Ha dormido toda la noche en su cuna; no ha ladrado una sola vez, es más limpio que el cristasol, y un mimoso de consideración.

¿Me habré traído a un santo?...

No sé, pero creo que esto es un final feliz…

Un beso de Maria Antonia y un lametón de Fermín....

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