• Español (spanish formal Internacional)
  • Deutsch (DE-CH-AT)
home Adopcion Finales felices

Final feliz de Miguelina (14-07-07)

Miguelina

Hola amigos perros de Anaa!

Soy Miguelina, aunque a mi nuevo dueño ahora le da por llamarme Migaja, me acuerdo mucho de vosotros, sobre todo de ti, Limón, que me acompañabas en las noches frías y de Madroño que, ay, te veía tan bonito, tan elegante, allá, en los patios del otro lado (mi dueño dice que casi ocupas mi lugar) y que también te vi marchar ayer muy feliz y expectante con una pareja de humanos sonrientes y nerviosos… ya me contarás que tal te va.

Ayer monté en coche, iba atada en un gran maletero descubierto, oyendo a mi amo hablarme repitiendo mi nombre una y otra vez (que pesao!). A pesar de su preocupación por si me mareaba y me ponía a vomitar, como me sentía tranquila pues me hice un ovillo y me eché a dormir.

Llegamos a Madrid y Goyo, que es como llaman a mi dueño, me sacó a pasear… se le notaba nervioso y orgulloso, como un papá primerizo cuando sale con el carrito a la calle por primera vez… no sabía que hacer con la correa, se la cambiaba de mano una y otra vez y yo iba de izquierda a derecha cruzándome un poco ante sus pies, viendo sorprendida mi imagen en los escaparates, notando los olores que inundan la ciudad, oyendo sin asustarme los miles de ruidos que los humanos producen, parándome cuando algún humano quería acariciarme y decirme lo bonita que era, y mi humano les contaba mi historia, que si era mi primer día de adopción, que si los galgos son muy cariñosos, que si su hermana María era voluntaria en Anaa y que gracias a ella me había conocido, y que les apuntaban vuestra dirección para ir a buscaros ( sí, a alguno de vosotros).

Fuimos a casa de una amiga de mi amo que le acompañó a buscarme y me presentó a su familia (más caricias y más historias contadas… me enteré de que fui abandonada en el sur de España, de que mis antiguos dueños ya no me querían y de que me llamé Miguelina porque Miguel, el humano de Gordo –hola viejo amigo comilón- me recogió en la carretera mientras yo cortaba el tráfico plantándome en medio…), todo el mundo me sonreía y decía que yo era muy elegante… eso era porque no me habían visto subir las escaleras…que miedo pasé, esos suelos que suben y suben tan estrechitos y resbaladizos y que una no sabe muy bien adonde llevan… pero una vez arriba me dieron un poco de agua y tras dar una vuelta de inspección me quedé muy tranquila tumbada y tuve que aguantar las bromas de que me llamasen Madame Prozac por lo apacible que soy… y que vaya stres que tenía más grande que me quedaba dormida plácidamente… luego se pusieron a comer jamón y no me dieron ni una gotita con la excusa de que si soy un animal de manada y mi amo tiene que ser el macho alfa y siempre comer primero… pamplinas digo yo, que tienen un morro que se lo pisan y el jamón estaba buenísimo…

El caso es que no me dan de comer y me llevan a conocer el parque… ooooh paraíso perruno, tierra, árboles, fuentes, expendedores de bolsas para mis caquitas (lo que me voy a reír viendo a mi humano recogerlas por primera vez)… Saludo a otros perros y veo a mi amo sonreír bobalicón haciendo las presentaciones (no se da cuenta de que ya nos hemos presentado oliéndonos cortésmente el trasero, ay, estos amos primerizos)… Seguimos paseando y me situó siempre al lado de mi amo, no tiro de la correa ni un poquito y con la presión de dos dedos sigo sus cambios de dirección desrumbados y azarosos. Parece que le gusta que no tire… y me da continuas caricias, diciendo muy bien Migaja, muy bien. Salimos del parque (yo ni pis ni ná de ná) y nos detenemos en una pastelería (que bien huele pero tampoco me dan de comer) y en una farmacia (me recuerda a la sala de mi veterinaria favorita que llenó de consejos a mi amo sobre como cuidarme mejor)… luego otra vez al coche, ya solita con mi humano en dirección a mi nuevo hogar porque quiere ver cosas como la fase de aclimatación domiciliaria y la adecuación de espacios y enseres en la cohabitación doméstica (vamos… que si me mola la casa o no y que se deje de palabrejas).

Subir desde el garaje en ascensor lo he llevado muy bien aunque está prohibido y más adelante usaré las escaleras (a mi amo se le van a poner unas piernas de impresión porque la casa es un 5º piso), no me han gustado los suelos resbaladizos del largo pasillo que tiene el descansillo y los últimos metros los he hecho como un palmípedo, con los dedos de las patas traseras muy abiertos para ofrecer una mayor superficie de fricción y no avanzar más que arrastrada por el arnés (la cara de mi amo era una mezcla de penita y determinación) hasta llegar a la puerta de la que será mi vivienda. Una vez abierta la puerta las cosas han ido mucho mejor y me decidí a entrar por mi propio pie… digo pata, mi propia pata.

Encontré la casa a mi gusto… alfombra, suelo de madera, una gran terraza de 30 metros llena de plantas y tumbonas que se cierra en invierno y que hasta tiene calefacción… me estaba esperando un cacharro con agua, una manta en el sofá (por cuyos derechos de uso y espatarre ya hablaremos “largo y tendido” jeje ) y dos supercamitas echas con cojines de antiguas tumbonas, una en el salón junto al radiador y otra justo al lado de la cama de mi amo y desde donde le veo ahora escribir lo que mi pensamiento canino le va dictando, me gusta estar a su lado y él me mira de vez en cuando como dando las gracias por mi presencia. Pero no adelantemos acontecimientos y os vuelvo a situar en el momento de mi llegada (ya sé queridos excompañeros de residencia canina que os doy un poco de envidia…pero convertidlo en esperanza, que todo llegará, y que además estáis muy bien cuidados por Laura, por Cristina, por Anabel, por Gaelle, por Vidgi y tantos otros).

Mi amo quiere enseñarme todo a la vez: me da una vuelta por la casa, quiere que pase a una habitación con suelo de tarima y me resbalo una vez más al bajar el escalón (que cruz estos suelos tan resbalosos), descubro que existen las puertas de cristal chocándome con ellas, (aún no me da de comer), descubro la música chill out y los directos de Moustaki, el olor del incienso, las imágenes saltarinas de la televisión (me dice aquí el amo del mando a distancia que si me porto bien me pondrá Rex), que existe una página en la revista de IKEA con cosas para animales a muy buen precio, que a la habitación de su niña no se pasa (entonces “pa” que me la enseña si luego la cierra).

A Sofía, la conocí hace una semana, nos presentaron con mucho cuidado porque tiene dos añitos, le encantan los animales y eso a mí me gustó mucho… me acarició suavito y yo la di un besito chiquitín cuando me abrazaba… soy más alta que ella cuando levanto la cabeza… como soy muy buena no dije nada cuando me puso dos montones de tierra en el lomo (esto también es cosa de marketing, sabía que si me ganaba a la niña el padre estaría a punto de caramelo) y cuando en sus juegos de niña en uno de los grandes patios de paseo de Anaa tropezó y cayó, corrí a colocarme a su lado mirando al padre… él me miró como diciendo parece que va a protegerla y dije para mí: macho alfa, te he cazao! Será una sorpresa cuando la niña me descubra, el martes iré a buscarla a la guardería con su papá y pasaremos la tarde juntas, y el fin de semana que viene veremos como nos apañamos con las puertas para dormir.
Pues eso, que mi amo estaba pendiente de mí mientras leía todos los papeles de Anaa, y quería probarlo todo, que si qué ocurría cuando se marchaba por aquello de la ansiedad por separación (se fue a dar una vuelta de media hora y me lo tomé muy bien, claro no sabía que se iba porque no se despidió), que si qué pasaba si me quitaba el plato de comida mientras comía (siiiiii, me dio de comer por fin 20 minutos antes de sacarme a pasear), que si vamos a pasear por donde pasean todos los perros o vamos por libre, que si había hecho un pis en la calle (y miraba al suelo como si fuera un tesoro, estos humanos son de lo que no hay), vamos que nos encontramos con Reina una coquer canela y su amo, un chaval búlgaro simpatiquísimo y tuvo que contarle todas mis intimidades escatológicas porque yo no había tenido necesidad de hacer caquita después de tres cuartos de hora de paseo y que qué podía hacer, si subíamos a casa o tenía que seguir a cero grados hasta que me entrasen las ganas de aquí para allá, un numerito de conversación.

Subimos a casa porque venía gente a cenar y a conocerme y otra vez con la historia del macho alfa de las narices no pillé ni un cachito de una sugerente Pizza en salsa barbacoa que se zampaban sin hacer caso de mis ojitos pedigüeños. Cuando bajó a despedirse y a tirar la basura a la calle, como no sabía que era sólo un momento me puse a gemir, a ladrar y aullar con lo que vi a mi dueño descompuesto releyendo los papeles y diciendo para si mismo: que he hecho mal, a ver, a ver! Cuando me tranquilicé y me tumbé él vino a acariciarme, luego yo empecé a seguirle mientras recogía la cena y se iba a la cama. Me tumbé a su lado, en mi tumbona particular, junto a su cama y olisqueaba su mano que había dejado colgando a mi lado como diciéndome estoy aquí, no te preocupes.

A las 8 de la mañana, tras pasar una preciosa noche calentita me estiro y me tumbo panza arriba recibiendo las caricias de mi humano y gracias al cielo lo primero que hace es ponerme de comer otra vez. Bueno, no exactamente lo primero… porque antes dio una vuelta por toda la casa para ver si había hecho alguna trastada, caquita o similares. Todo en su sitio y veo que se pone ropa deportiva y nos vamos a la calle (los domingos existe la calle a las 8 de la mañana aunque parece que nadie lo sabe), donde, ante la cara de asombro de mi amo, hago cha-chan cha-chan caca y me quedo diciendo pues sí, he hecho caca ¿qué pasa? Y sonrío como sólo sonríen los perros… porque sé que le toca recogerlo y es una nueva experiencia para él… enfundarse la bolsa en la mano, agacharse, sentir el tacto blando y caliente y asquerosito entre los dedos fríos de esta mañana tan invernal, aprender a dar la vuelta a la bolsita sin mancharse y finalmente encestar tras una pequeña arcada en la papelera más próxima… una nueva aventura jaja.

Terminado el momento escatológico nos ponemos a correr (claro, como soy una galga pues ala, a correr) y bueno más corría él que yo en eso del “futin” pues yo con mi elegancia y saber estar personal más parecía flotar que correr y seguía de forma uniforme su paso mientras dábamos una vuelta por el barrio. Y mi amo me miraba orgulloso y feliz y me llevó a unas pistas de tenis cerradas y me soltó para ver que tal y yo le seguía incluso cuando salto la red (yo por un ladito, por debajo, que en el contrato de adopción no ponía nada de saltos matutinos) y el seguía repitiendo mi nombre para ver si me lo aprendo. Y tras charlar con los vecinos que bajaban al mercadillo subimos a casita ya sin miedo y me eché a dormir mientras Goyo os escribe por mí esta cartita en la que os cuento un poquito y muy resumido el primer día de mi nueva vida con él.

Pues eso Guau.

© Copyright 2009 ANAA. Todos los contenidos e imágenes de este site son propiedad de ANAA, para cualquier solicitud de material o contenidos escribe a web@anaaweb.org