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Final feliz de Noa (08-08-07)

Noa

Cuenta la leyenda, que en tiempos remotos existían pedazos de cielo con carácter inconformista. Para ellos no era suficiente con brillar con la ayuda de las estrellas, con estar en lo más alto, con ser envidiados por los seres terrenales…
Alguien con su varita mágica tocó uno de esos pedazos de cielo dotándolo de vida: así nació Clara.
Clara, mi Clara… mi pedacito de cielo en la tierra. Una gata cariñosa sin pizca de empalago; bella por dentro y por fuera; femenina sin un átomo de cursilería y lista como la estupenda felina que es.
A quien quiera que la abandonara, no sabe todo el mal que le deseo, aunque sin duda ya ha tenido su castigo: no sabe la maravillosa gata que se ha perdido, ni todo el amor que es capaz de dar, y lo poco que pide a cambio.
Clara es tuerta, y eso no le impide llevar una vida “normal” como si fuera un gato “normal” porque ella ES un gato normal. No ha sido siempre tuerta, hubo que extirparle uno de los preciosos luceros que tiene por ojos, pero eso no la hace menos hermosa, de hecho, la vemos y no nos llama la atención, y la gente cuando ve sus fotos lo que dice es “uy! Qué simpática! Guiña un ojo!” no da grima para nada, ella no lo echa en falta, no precisa cuidados especiales, ES UN GATO NORMAL. Es una pena que la gente sólo vea (y superficialmente) “lo de fuera” y no se animen a adoptar más gatos con pequeñas diferencias: tuertos, cojos, ciegos… todos ellos tienen mucho que ofrecer, y no se sienten “minusválidos” como nosotros, tendemos a “humanizarles” demasiado atribuyéndoles a ellos sentimientos que son puramente humanos (por su imperfección) como es la inferioridad.
Clara juega con Nico (su hermano mayor felino), duerme como una bendita toda la noche del tirón, amasa su manta con las patitas, corre como una flecha cuando ve un bicho, salta varias veces su altura cuando juega con el plumero, come fenomenal, no hace ascos a nada, ronronea, se deja cepillar, cortar las uñas, lavar los dientes, medicar.
En el veterinario no dice ni mú, da besitos, sale a recibirte cuando llegas a casa y se va a costar puntualmente todas las noches como una niña buena. Clara es la prueba de que alguien me quiere y ha querido mandarme un regalo en forma de pedacito de cielo dotado de vida, porque Clara rebosa vida.
Ojalá este texto sirva para hacer que la gente abra los ojos y sobre todo la mente y adopte gatos especiales; si nosotros no somos perfectos… por qué no adoptar un gato que tampoco lo sea? Yo lo siento por todos, pero la gata perfecta ya la adopté yo.
PD: Clara manda ronroneos y lametones a todos sus hermanitos felinos del albergue y les desea la misma suerte que ella tuvo.

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