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Final feliz de Tao (26-06-07)

Tao

Conocí ANAA gracias a mi hermana Eva que había visto un reportaje en Telemadrid en el que solicitabais gente que quisiera hacer de canguro ya que os había desbordado la llegada de cachorros al albergue, así que ni cortas ni perezosas llamamos a la redacción de la cadena para que nos facilitaran el teléfono de la asociación, llamamos y quedamos en pasarnos el sábado por el albergue (Eva no vino ya que decía que si venia se los llevaba a todos) así que mi cuñado y yo fuimos para allá el sábado por la mañana. A mi me encantan los perros pero no me decidía a tener uno ya que me parecía demasiada responsabilidad y hacer de canguro me pareció una buena solución.

Me lleve a Lunes, un cachorrito de pastor alemán encantador que iba a ser adoptado en Alemania en un par de semanas. Yo tengo dos gatos adultos en casa y me daba un poco de miedo como fueran a reaccionar ante la presencia del perro pero lo aceptaron sin mayor problema (aunque se llevo alguna que otra colleja). El viernes siguiente me llamasteis para decirme que Lunes y todos sus hermanos se iban el sábado. Yo ya me había hecho a la idea de que iba a tenerle conmigo dos semanas así que me lleve un disgusto impresionante. Eva me decía que lo adoptara pero Lunes ya tenía una familia esperándole y yo tenía la intención de empezar a hacer un curso por las tardes así que me mantuve firme y el viernes por la tarde fui con mi cuñado a "devolverle" (y con la intención de no volver a hacer de canguro nunca más). El voluntario que nos atendió nos enseñó todo el albergue y fue entones cuando vi a TAO (un cachorrazo de siete meses) que no hacía más que brincar en la jaula intentando llamar la atención pero lo que me mato fue oírle ladrar, un bicho de más de veinte kilos que ladraba como un chihuahua. Me fui a mi casa con TAO metido en la cabeza.

A la semana siguiente me llamasteis para ver si podía volver a hacer de canguro y mi firme propósito se fue a la porra y dije que si. Mi cuñado y yo volvimos al albergue. Había tres cachorros que eran muy pequeños (de edad) y yo no quería llevarme un cachorro tan pequeño por que no les veía capaces de "huir" de los gatos en un momento de necesidad y me daba un poco de miedo así que me lleve a Miércoles, una hermana de Lunes a la que habían adoptado y ese mismo día habían devuelto (el único comentario que voy a hacer al respecto es que antes de adoptar un animal hay que estar plenamente convencido y preparado no son juguetes, son seres vivos). En cuanto Eva (mi hermana) la vio subir por las escaleras no la soltó. Se la llevo a su casa y el viernes siguiente estaba haciendo los tramites de la adopción.

Yo seguía teniendo a TAO metido en la cabeza así que después de sopesar detenidamente los pros y los contras de llevarme un perro a vivir conmigo decidí llamar al albergue para ver si ya lo había adoptado alguien pero no, TAO seguía allí (estoy segura de que esperándome y mira que tuvo paciencia porque tarde casi un mes desde la primera vez que le vi en decidirme) así que cogí otra vez a mi cuñado por banda y nos fuimos a por él.

El viaje hasta casa fue realmente movidito. El coche no le gustaba nada y estaba muy, muy nervioso y no paraba de moverse, babear, etc. Yo iba sentada detrás con él y salí del coche como si acabara de salir de la ducha. Cuando entramos en casa el recibimiento de los gatos no fue, lo que se dice cariñoso, una cosa es que venga un cachorro de seis kilos de "el ancestral enemigo" y otra cosa muy distinta es que el intruso pese veinticinco kilos y que de un mordisco pueda arrancarte la cabeza así que se pusieron como dos verdaderas fieras. Bufaban, se erizaban y en cuanto se acercaba le lanzaban un zarpazo. Ante tanto cambio TAO tampoco las tenía todas consigo, se tumbó en un rincón y ahí se paso casi toda la tarde.

La verdad es que los primeros días fueron bastante duros. Los gatos estaban enfadadisimos (conmigo por traer a TAO y con el perro por el mero hecho de existir).
Sacarle a la calle era un verdadero suplicio ya que tiraba de la correa como una mula (de hecho estuve dos días con un dolor en el hombro bastante fuerte), le acariciaba y le daba exactamente igual, se iba con todo el mundo y yo pensaba "este perro no me quiere", pero claro, es que soy una "cagaprisas". En menos de dos semanas todo había cambiado, los gatos aceptaron que tenían que compartir su espacio, TAO aprendió que los mininos no eran peligrosos y ya no tenía que separarles cuando me iba a trabajar, lo curioso fue que TAO me indico el momento. Normalmente TAO se quedaba en la cocina y en el recibidor y el salón y el cuarto de baño era para los gatos (mi casa es muy chiquitita) y en cuanto veía que me preparaba para salir de casa ya estaba él en la cocina para que no le dejara solo con esas "fieras" hasta que un día no quiso entrar en la cocina y se quedó tan pancho en el salón. Comenzó a responder a las caricias e incluso a pedirlas y ahora solo se va tranquilo con mi hermana y con mi cuñado o conmigo, nunca con un desconocido, duerme en el sofá con los gatos y es un perro completamente feliz y tengo que decir que yo también. Adoptarle ha sido una de las mejores cosas que he hecho en mi vida.

Otra cosa que me dejo sorprendidisima fue que solo se hizo sus necesidades en casa el primer día. Aprendió el solito que si se estaba haciendo pis con asomarse a la ventana y luego mirarme a mi nos bajábamos a la calle y asunto resuelto.

Bueno ya sé que me enrollo como las persianas pero me gustaría añadir una cosa más. Si no hubiese decidido hacer de canguro por primera vez mi hermana jamás habría conocido a Miércoles (ahora BRUJA), yo nunca hubiese conocido a TAO (ahora OTTO) y la suegra de mi hermana no viviría con Betty (otra perrita adoptada en el albergue) así que animo a todos desde aquí a que no compren un perro que lo adopten. Se adaptan a la perfección aunque no hay que pensar que es algo automático, hay que darles tiempo y mucho cariño.

Un beso para todas y todos

MONICA

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