• Español (spanish formal Internacional)
  • Deutsch (DE-CH-AT)
home Actualidad Noticias ANAA Noticias 2014 Adopta un y-ayo. Por Maria M.

Adopta un y-ayo. Por Maria M.

b13 410-4


MI PRIMER PERRO: ¡UN ABUELETE!

Os resumo brevemente la historia de mi vida: yo siempre quise tener animales y tengo debilidad absoluta por los perros. Así que me prometí tener perro en cuanto tuviera mi propia casa. Pero tuve un novio primero y él no estaba tan seguro de que fuera buena idea: “es una gran responsabilidad”, “yo no voy a saber”, las vacaciones, los horarios… Ha sido un largo trabajo, pero decidí darle tiempo: es una cosa de la que teníamos que estar convencidos los dos. Y decidí que solo con palabras no conseguiría nada. Me hice voluntaria de ANAA y, desde entonces, le he bombardeado con historias, a veces tristes y otras veces alegres, de los animales que van pasando por aquí. Creo que esto ha ayudado mucho: por un lado, porque ha terminado de romper sus reticencias iniciales y, por otro, porque se dio cuenta de que no era un capricho, de que el abandono es un drama y que nosotros podíamos hacer algo. Se comprometió: debíamos hacer algo.

Y llegó el día de adoptar, de “elegir”, de plantarnos allí, delante de tantos perretes que necesitan una casa. Yo, acostumbrada ya al albergue y sabiendo que, efectivamente, nuestra pequeña aportación (sacar un animal de allí) se hace mucho más pequeña cuando ves tantos otros que se quedan. Él, un poco desbordado por la gran responsabilidad que tenía por delante y que empezaba con una difícil decisión. Pero vimos a Tyrol... Olga nos dijo: es mayor, unos 11 años, y tiene un problema de corazón. Dio igual. Después de la vuelta a toda la nave, ya estaba decidido. ¡Nos llevábamos al yayo!

No es fácil y casi nadie a nuestro alrededor entendió que adoptáramos un perro tan mayor. Algunos comentarios fueron y son realmente desagradables, pero lo mejor fue desoírlos y centrarnos en nuestro nuevo amigo: requería mucha atención y teníamos mucho que aprender.

Decidimos dejarle su nombre, Tyrol, pero, en realidad, le rebautizamos cada día: además de las variantes como Tyrolín, Tyrolito, o Tyrolinchi, también le llamamos Gordo, James Dean (por su rebeldía sin causa), Sorderas…

Y es que ya instalados en casa, descubrimos que era completamente sordo. Y con otros perros, ¡un cascarrabias! Así que lo primero que debíamos aprender era a respetar su espacio. Pero nos lo puso fácil: se fue adaptando muy bien al nuevo entorno y se quedaba muy tranquilo cuando nos íbamos. Aunque aún recuerdo las primeras semanas en que yo venía a trabajar y solo miraba el reloj esperando el momento de salir corriendo a casa para verle, ver que estuviera bien, ¿me habré dejado algo abierto? ¿Habrá algo con que se pueda hacer daño?

Como “madre primeriza”, volví locas a todas las personas que conozco que se ofrecieron a ayudarme: Marina, Olga, María y, también los sábados cuando les pillo por banda, a Rubén y Tomy y, después, llegaron Belén, su ángel de la guarda, y Héctor, su nutricionista personal. ¡No sabíais lo que hacíais ofreciéndoos tan amablemente, ¿eh?!

Pero Tyrol es mi mejor maestro. Con él estamos aprendiendo muchísimo cada día. Por mi parte, intento enseñarle que nada malo le va a pasar nunca más... Por lo demás, aprende tan rápido que hay veces que no estoy del todo segura de haberle enseñado nada. ¡Se las sabe todas!

Poco a poco, vamos conociéndonos. No sabemos la causa de su sordera, pero sí parece que le crea cierta frustración y ansiedad: con la comida, con sus pequeñas manías. Así que hemos aprendido lo importante que es para él aprender “a jugar distinto”. Las pelotas, los nudos o muñecos… los mira como si fueran mis juguetes (¡y alguno de mis libros como si fueran los suyos!) y solo cuando se trata de comida, está dispuesto a hacer sus truquitos y “currarse” una chuche… Así que los juegos de atención y olfato, rastros, etc., son fundamentales. Por ser abuelete y sordo, además, es muy importante mantener y desarrollar al máximo este sentido.

Por otro lado, hay que controlar mucho su salud. Los veterinarios suelen recomendar, a partir de ciertas edades, hacer una “revisión geriátrica”… ¡Vamos, pasar la ITV! Análisis, ecografías para comprobar que todos sus órganos funcionan como deben, etc., revisión ocular y de oídos…

Tyrol tiene problemillas de corazón que ahora están bajo control pero, como buen perro viejo, ha surgido un nuevo inconveniente: tiene el colesterol alto. Esto para un tragón como él es un poco frustrante… Le entiendo muchísimo porque ya mi abuelo, desde hace tiempo, siempre se queja de que no le dejamos comer lo que él quiere y todo está “soso”, así que el pobre Tyrol que ni siquiera puede quejarse, imagino que lo acusa más aún… Pero tenemos que cuidar su dieta y lo que nunca falta es mucho cariño y comprensión. Es fundamental cuidar su alimentación, sin dejarnos guiar tanto por etiquetas de “senior” como por los componentes que le aportamos con ello. Para elegir bien, además, debemos pasar primero por el veterinario: no es lo mismo, un perro mayor que un perro mayor con colesterol o anemia o… lo que sea.

En cuanto a su “carácter” de abuelo cascarrabias, bueno… ya va dejando que le limpiemos las orejillas, le sequemos al subir mojados de la calle o darle algún achuchón. Lo cierto es que lo que peor lleva es que se le acerquen otros perros. Superada la ansiedad del principio, ya simplemente les ignora. Aunque ha demostrado que en las distancias cortas sigue siendo “un arma letal”… Si bien no necesita ese juego o socialización como perros más jóvenes u otros perros simplemente por su carácter, estamos empezando a trabajar con el bozal para intentar que pierda el miedo. Sin embargo, si algo hemos aprendido bien es que su espacio es lo más importante y no debemos buscar más problemas donde no los hay: si llegado el momento, le crea demasiada ansiedad, nos olvidaremos de nuevo del bozal y seguiremos tan felices, sin amigos peludos, pero felices al fin.

Lo que más nos gusta de él es que, a pesar de sus achaques y de su edad, nadie diría que es un perro mayor. Tiene una energía y una vitalidad increíbles. Le encanta dar saltos e ir por los muros en lugar de por el suelo, jugar a volar palomas y pájaros… No podemos creer que un perro mayor, o incluso con problemas de corazón, como Tyrol, no necesite “tanta actividad”, ni debemos cubrirlo de algodón porque se pueda hacer daño o porque ya tenga una edad… Hay que conocer sus necesidades, pero sobre todo, debemos pensar que necesitan sentirse vitales como el que más. Quizá no es la mejor idea llevarlo a correr una maratón (¡ni media!), pero no hay que tener miedo a dar con ellos paseos largos, más tranquilos (sin que sea malo echarse alguna pequeña carrera para intentar “saludar” a alguna paloma despistada…) y con agüita a mano, sobre todo ahora que el frío se va quedando atrás.

Adoptar un animal, pero más cuando se trata de un abuelete, es todo un reto y una aventura maravillosa. No se adaptan a los cambios igual que un perro joven, pero, con paciencia y espacio suficiente puedes ver cómo, de pronto, un día se hacen su hueco para siempre.

María Molina Martín

© Copyright 2009 ANAA. Todos los contenidos e imágenes de este site son propiedad de ANAA, para cualquier solicitud de material o contenidos escribe a web@anaaweb.org