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home Actualidad Noticias ANAA Noticias 2014 Historias de Nuestros Padrinos. 1.- Sara Sancho

Historias de Nuestros Padrinos. 1.- Sara Sancho

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Empecé como madrina en ANAA hace cuatro años y medio. La verdad es que llevaba mucho tiempo con  ganas de colaborar con una protectora y los animales me han gustado desde siempre, pero por aquel entonces no podía tener ninguno en casa. Así, me pareció una oportunidad genial la opción de amadrinar un perro y poder pasar los sábados con él.

Mi primer amadrinado fue Ten, un mestizo que tenía la pata delantera fracturada. Su hermano, completamente sano, fue adoptado apenas una semana después de llegar al centro. En el caso de Ten, costó cerca de nueve meses encontrarle un nuevo hogar. Ese tiempo de aprendizaje me ayudó a descubrir qué era ser madrina. No solo consistía en  acostumbrar al perrete a pasear con la correa, peinarle y tirarle la pelota, era más bien una cuestión de paciencia, cariño y dedicación. Recuerdo perfectamente  el día que me dijeron que Ten había sido adoptado. Me acerqué a verle para despedirme y…  ¡qué lagrimones me caían! Evidentemente te alegras muchísimo, pero también te da pena separarte de un animal con el que has creado un vínculo tan especial. Creo que a pesar de que hayan pasado los años, nunca pierdes sea mezcla de sentimientos que experimentas cada vez que te dicen que tu amadrinado ha encontrado un nuevo hogar.

Después de Ten, han venido muchos otros y, poco a poco, casi sin darme cuenta, empecé a centrarme en perros tímidos. Posiblemente el primero de ellos fuera Orio, uno de los amadrinados que más me han marcado. También llegó con una pata rota y, sobre todo, con muchísimo miedo. Estaba solito en su chenil y los primeros meses no salía para nada. Me acuerdo de cuánto temblaba cuando intentabas acercarte a él. Después de un tiempo de tímidos intentos, muchos mimos y música relajante de fondo, conseguí que me aceptase. Os podéis imaginar qué ilusión me hizo el primer día que le vi mover el rabito cuando llegué a verle.

A continuación estuve con Yagüe -el vejete pasota-,  con Londres, -el galgo que tenía miedo a las mujeres-,  con  Jama, -otra perrita muy tímida-… y últimamente me ha tocado despedirme de Marila, que va a viajar rumbo a su nueva casa en Alemania

En cuanto mis amadrinados han encontrado adoptantes, Marina, Lara  y los demás voluntarios me han buscado un nuevo perro ‘miedoso’. A mí no me importa, es más, me gusta porque representa un reto y,  al mismo tiempo, dan muchísimas alegrías. Cuando llevas una temporada con un perro de los que llaman ‘tímidos’ y te das cuenta de que se te acerca, se alegra cuando vas a verle, se relaciona con normalidad con otras personas... sientes una gran satisfacción.  Además, la calidad de vida del perro mejora muchísimo y aumentan sustancialmente sus posibilidades de ser adoptado.

A veces, piensas que hay perros que van a vivir siempre con miedo, pero no hay nada que no arreglen unas buenas dosis de cariño y una inyección de confianza. El abandono, el maltrato y las enfermedades, han hecho de ellos unos perros descreídos que huyen del ser humano, pero en menos de lo que pensamos recuperan las ganas de vivir y el agradecimiento hacia las personas que se portan bien con ellos. Es increíble la capacidad que tienen para superar los traumas y darnos una nueva oportunidad. Para mí, los perretes tímidos son los mejores.

En cualquier caso, al margen de lo que podamos hacer los padrinos por ellos, los terapeutas, los  voluntarios y los guardeses de ANAA  juegan un papel fundamental en la recuperación de estos perros. Ellos nos aconsejan y nos ayudan a ayudarles, de manera que esto se convierte en un auténtico trabajo en equipo. Me gustaría darles las gracias a todos ellos.  

Pie de fotos:

1. Orio, el primer perrete tímido que amadriné, ahí todavía tenía cara de susto 

2. Ten, mi primer amadrinado, un cachorrote con mucha energía

3. El yayo Yagüe era un poco perezoso, pero estaba siempre dispuesto a darte un lametón

4. Shoko es un perrete con mucha suerte, era muy nervioso y se autolesionaba, sin embargo, consiguió una familia dispuesta a cuidarle.

5. Londres, otro de los amadrinados que más me ha marcado. Estuve con él muchos meses hasta que encontró una segunda oportunidad en Alemania. 

6. Ponchio es otro viejito regordete que necesitaba un empujón para animarse y recuperar la alegría

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