FEY, El Final más Feyliz

Final Feliz de Fey

FEY, El Final más Feyliz

Muchos recordaréis a Fey.  En ANAA la llamamos Feiny porque es el apodo cariñoso que le puso Lucila, su casa de acogida que tanto la ha querido, respetado y cuidado.

El día que conocimos a Fey quedará siempre marcado en nuestra memoria: tan pequeñita, tan delicada y tan rota. Ella llegó en 2018, tras ser recogida con un fuerte impacto en su cuerpecito. La operamos de urgencia e hicimos todos los esfuerzos del mundo para recuperar la movilidad de esta cachorrita. En cuanto mejoró un poco, después de recibir las atenciones veterinarias básicas para atenuar su sufrimiento, se fue a una casa de acogida.

A día de hoy todavía no sabemos si la lotería le tocó a Fey por encontrar a alguien que la respetó y cuidó tanto, o si le tocó a su mamá de acogida, Lucila, por tener la fortuna de vivir de primera mano todos sus avances. Se complementaban a la perfección. Juntas han pasado dos años y medio muy duros, con muchas visitas al veterinario, a especialistas, con muchos altibajos… Pero también han pasado un año tremendamente enriquecedor, lleno de amor, cariño y gratitud.

Feiny estaba completamente integrada en la vida y rutina de Lucila: aprendió a controlar los episodios de incontinencia y esperar a hacerlo en el jardín, aún con sus limitaciones físicas daba gusto verla jugar con los gatos, correr con los perros y saltar de alegría con la llegada a casa.

A pesar de la bonita y animalera familia en la que Fey estaba, nosotros continuamos buscando una adopción definitiva para nuestra galguita. Ser casa de acogida es precioso, enriquecedor y muy necesario para ANAA, porque en casos como el de Fey,  además de muchos otros menos graves, irse a una casa es vital. Sin embargo, las casas de acogida son temporales y la ardua tarea de encontrar la familia definitiva perfecta no debe parar.

Algunas familias se fijaron en Fey y tras conocerla quedaban prendidos de ella, no obstante, requería unas condiciones que no todos podían asumir, por lo que siempre volvía a su casa de acogida. Hasta que un día llegaron Ana, su hijo, su infinita paciencia y ganas de hacerlo bien y nos encantó para nuestra niña. Tras conocer lo que necesitaba, hablar con Lucila y conocer a Fey, no dudó que tenía que irse con ella.

Después de unos días en casa, nos contaba que el proceso de adaptación estaba siendo algo costoso, pero adecuado teniendo en cuenta todo lo que había tenido que vivir. Fey dormía tranquila, curioseaba con sus gatos, pedía comidita rica de la mano… Ana nos decía: “Es tan buena y bonita. Todo va como debe, no veo nada fuera de lo esperado. Necesita tiempo, eso es todo”.


A ANAA llegan animales que son como estrellas fugaces, dejan estelas persistentes que nos marcan para siempre, pero también llegan personas maravillosas dispuestas a ayudar y dar la mejor vida a su peludo. El gran acierto es cuando estos dos seres se juntan y comienzan a compartir la vida, la rutina, las dificultades y las alegrías. Tenemos tanto que agradecer a ambas. A Ana le agradecemos la oportunidad que ha dado a nuestra perrita, sus ganas de acertar y su amor. A Fey le agrademos la gran lección que nos dio: superación, fortaleza, esperanza, gratitud e incondicionalidad. Sin duda, su huella será eterna para nosotros.


Si tú también quieres salvar vidas, escríbenos un correo a anaa@anaaweb.org
Si no puedes adoptar, siempre son necesarias las casas de acogida para gatos, perros o cualquier otro bichito.

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