La historia del gallo Patapó

La historia del gallo Patapó

En octubre del 2020 más de 20.000 pollitos fueron abandonados en aeropuerto de Barajas como “mercancía rechazada”. Pese a la rápida movilización de protectoras y particulares, muchos no sobrevivieron. Esta es la historia de Patapó, el pollito Barajas.

“Cuando los pollitos llegaron a casa, cabían en la palma de una mano. Enseguida busqué información para construirles un refugio. Toallas, bebederos seguros, comida racionada y mucho calor. No todos sobrevivieron y a los que salieron adelante, se les buscaron santuarios y casas de acogida conforme a sus necesidades. Superadas las primeras dos semanas críticas y debido a su alteración genética, a medida que iban creciendo, comenzaron a aparecer los primeros problemas de salud. Patapó fue ingresado de urgencia, no podía caminar. Necesitaba medicación diaria en seis tomas y rehabilitación.

Fabriqué un tacatá con un viejo arenero de gato y unas bayetas. Y, aunque no le gustaba, pasaba las mañanas al solecito tras una sesión de masajes y movimientos para fortalecer sus patas. Después le colocaba de vuelta en su parque de conejos y comía feliz sus verduras. Tenía un sonido para cada ocasión. Yupi comida! Eres tú la que viene por el pasillo? Gracias por los mimos! Oops, he hecho cacotas…
Durante unas semanas esa fue la rutina. Una mañana, tras su baño de sol, le puse el cuenco con pienso y se levantó para comer. Lloré. Con sus débiles patitas iba caminando despacito para picotear los granos que caían fuera. Desde entonces, las comidas incluían un recorrido por toda la casa, le esparcía el grano por el suelo y el lo iba buscando. También le encantaba la comida de los conejos y siempre trataba de colarse en la cocina para devorar su escarola y beberse su agua.
Me seguía por la casa mientras pasaba la aspiradora, y cuando teletrabajaba se sentaba encima de mis pies. Si dejaba los calcetines en el suelo los arrastraba con el pico bajo su cuerpo y se dormía sobre ellos.

Una mañana cantó, había llegado el momento. Las tomas de medicación eran menores y su paso renqueante se veía más seguro. Patapó se fue junto con otros gallos a una protectora, rodeado de naturaleza y más animales.
Habían pasado casi seis meses… El tiempo límite.
Sus patas comenzaron a fallar de nuevo, dejó de cantar y perdió peso. Su respiración era agitada. Patapó nos dijo adiós dejándonos un hermoso recuerdo. De supervivencia, de cariño, de aprendizaje. De un maravilloso gallo, que me ha dado más fuerzas para seguir luchando, para ayudar a los animales.

Gracias Patapocho.”

Tu Casa de Acogida

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